En la Safor, las valoraciones suelen bajar en verano cuando la gestión no está preparada para la alta rotación de huéspedes. Los problemas más habituales aparecen en cambios rápidos entre estancias, limpieza ajustada de tiempos y resolución tardía de incidencias, lo que afecta directamente a la experiencia del huésped en plena temporada alta.
